martes, 13 de mayo de 2014

LA CASTA SALE EN HOMBROS

Fandiño mata sin muleta al quinto / Foto: LAS-VENTAS.COM
Por Javier Hernández - @javihernandez76

La casta ha salido en hombros. La casta, se supone, es lo que derrochó la corrida de Juan Pedrito, el hijo del fallecido Juan Pedro, quién lo diría. La casta, también, es lo que le echó Fandiño para tirarse a matar sin muleta cuando la oreja, que le abría su puerta grande, estaba aun en el alero. Casta contra casta, porque la casta, suponemos, es una actitud que emociona por medio del arrojo, de los arrestos y de la mala leche. La casta de Fandiño, que cortó la respiración en ese ataque de locura y ambición, sirvió para coronar con éxito el recital de acometidas desplegado por los de Juan Pedrito, por los de Parladé, por los toros del nuevo don Juan Pedro, un respeto.


El nuevo don Juan Pedro, si quiere, puede ponerse un diente de oro y reírse de medio lado cuando los toreros que no están con el motor engrasado y a punto las pasan canutas frente a sus toros. Pero esa no es su actitud, eso es de otro tipo de castas. El nuevo don Juan Pedro, Juan Pedrito, echó el primer toro para volver loco a El Cid, a la cuadrilla de El Cid y también para descolocar a todos los que iban dispuestos a ver seis pavas semovientes desparramadas por Las Ventas. Ese primer toro que dice El Cid que le miraba raro era una locomotora imparable y alocada en las distancias medias-largas, con más empleo, verdad y profundidad en cercanías. El toro a más mientras Cid se tornaba cada vez más pequeño, más feble y también imparable. Lo pasó mal el hombre. Pero sus males no frenaron, porque Juan Pedrito, el ganadero de Parladé, el nuevo don Juan Pedro, un respeto, le echó como cuarto un toro más hecho, acometedor, que iba y venía, que llegó a la muleta incansable y que la pedía por abajo, exigiendo mando, gobierno, pidiendo más papeles que un guardia en la valla de Melilla. Y El Cid, con los papeles en Senegal. La hecatombe de Manuel Jesús, que debió acordarse de aquel que pidió a Dios librarle del bravo porque del manso ya se libraba él.

Ángel Teruel, por ejemplo, tuvo entre sus telas dos toros que bien podrían salir de la cabeza del fallecido Juan Pedro, más que de la de este nuevo don Juan Pedro. El tercero de corrida, bajo como un tapón, que salió mal andao y murió mal andao o cojitranco, pero con su recorrido infinito, con su no parar, con su viaje hasta el más allá, sobre todo por el lado izquierdo, yéndose hasta allí para el torero colocara cuerpo, pulso y mente y poner todo el sueño sobre esa almohada. Pero no cuajó, tal vez por la escasez del sueño de Teruel o porque el público mermó la moral del torero al no considerar al tapón, mal andao y cojitranco de viaje infinito material para emocionar. El sexto, con su punto avacado, castaño encendido y feíto era como el toro invisible tras la conmoción, tras el estallido que produjo el choque de casta entre Fandiño y el quinto. Pero el feíto, el invisible, sacó clase abundante, y profundidad. Teruel le dibujó algunos naturales de fino trazo cuando ya nada contaba más que Fandiño y Juan Pedrito. Perdón, Fandiño y el nuevo don Juan Pedro.

El nuevo don Juan Pedro le echó un primer toro a Fandiño difícil de superar. Acometedor permanente, de seria mirada, de humillación desordenada pero ordenable y de viaje escaso a derechas, por donde más toreó Fandiño; de viaje hasta fin de orden, humillado, reducido en su galope y guardando el hocico por el pitón izquierdo, por donde menos, apenas una tanda, toreó el triunfador. Iván de Orduña se empeñó en la épica del cuerpo a cuerpo y a derechas en lugar de buscar la lírica a zurdas. Y mató de volapié limpio, en corto y por derecho.

Paseó la oreja, como otras tardes le pasó, que le dejaba la llave puesta en la ansiada puerta de la gloria. Y salió un castaño como otros muchos castaños, ni mejor ni peor, ni más ni menos, un toro que parecía una vulgaridad y que, como todos en esta tarde, se fue a más. Variado el inicio de muleta, con un desdén superior. Y luego un trasteo como el toro del nuevo don Juan Pedro, un trasteo como hay muchos trasteos, ni mejor, ni peor, uno más en el que nada disgusta ni nada enamora, un trasteo en el filo de la navaja para que pasase lo que tantas veces pasó este Fandiño, que se quedase sentado en el mismo umbral de la puerta grande. Por eso, Iván de Orduña agarró el acero, soltó la tela, la ambición es cosa de locos, y estocada a tumba abierta para salir disparado al cielo de Madrid, no sin la intriga de un descabello que, afortunadamente, se alió con el éxito.

El éxito de la casta de Iván Fandiño, por fin glorificado por la puerta de Madrid, y el de la casta de los toros del nuevo don Juan Pedro. Domecq, oiga.


FICHA
Plaza de Las Ventas. 5ª de San Isidro 2014.Seis toros de Parladé, corrida con seriedad sin exageraciones. Encierro con mucha movilidad y con distintos grados de movilidad, desde el poderoso y humillado segundo al exigente cuarto; de viaje largo y galopón el protestado por cojo tercero. El primero resultó alocado en la distancia larga y bueno en cercanías. Enclasado en la muleta el sexto. Encierro de éxito, sin duda. 
El Cid (grana y oro): silencio en ambos.
Iván Fandiño (canela y oro): oreja y oreja.
Ángel Teruel (blanco y oro): silencio en ambos.